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domingo, 21 de abril de 2013

Alma en pena

Las luces se apagan y se enciende el sol pulcro al horizonte no sé donde estoy no sé dónde voy ni dónde quiero ir ni tan sólo un deseo de movimiento, sólo el sol que me dice que otro día entra, miro alrededor y no veo más que asfalto nada de tierra ninguna figura de fondo. Me pongo a caminar a ver si hay algo que poder mirar y que desear hacer, ir, tener un objetivo al cual dirigirme, físicamente algo que me diga : “ven soy tu último y único recurso”. Me pongo a pensar y me doy cuenta que no tengo recuerdos nítidos, que realmente estoy perdida física y psicológicamente. La sensación de ahogo, vacío e incertidumbre me invade. Tras unas horas caminado sigo mirando lo mismo, no siento frio ni calor no siento hambre no siento necesidades, empiezo a pensar que me he muerto que es mi penitencia vagar sin sentido tal como lo hice en vida, egoísta de mierda teniendo tantas cosas ahí ver y sentir vida, incluso dependiendo de ti no fui capaz de hacer que lo de mi interior no fuera menos que el exterior que tanto ayuda a mitigar los ladrillos que limitan nuestra mente, no fui capaz de sonreír ante algo en un momento en el que mi mente daba vueltas a algo sin tener que ver con esto que veía y me hacía sonreír o por lo menos lo intentaba, esas gracias que se escaparon y se dividieron en mi mente entre tantos muros que una simple contradicción construyó tan grande que no veía el horizonte lleno de cosas que tan sólo por mirar merecía esa sonrisa…
Sigo caminando y me sorprendo de sentir sed, y hambre y no veo más que asfalto y el sol empieza a molestar pero sigo caminando con esperanza. Empiezo a recordar y siento el calor de un abrazo, empiezo a sentir el recuerdo de una melodía , empiezo a sentir palabras de otras voces, extrañar algo, me detengo y me pierdo en mi cabeza llena de novedades para mi cerebro programado de serie. Pero… ¿ qué hacía yo ahí? No tenía una vida? No tenía alguien ahí que estaba sin más, por sangre por empatía pero estaba… Dónde estaba ahora?
Pasaron días y la fuerza cayó tan lentamente como yo al dejar mi peso en mis rodillas y cayendo en el suelo con la boca seca, la piel arrugada y en el estómago una piedra de una tonelada. Dejé de luchar por lo único que me tenía andando, mis recuerdos… por lo tanto tenía un objetivo claro: recuperarlos en un presente. Pero caí y me olvidé dejé que esos recuerdos los tuvieran esas personas que también los recuerdan, les di mi parte correspondiente para que al menos ellos le sacaran una utilidad.
Me desperté y las luces se apagaban. El sol empezaba a florecer. No sé nada y miro al horizonte. Sólo asfalto… me puse en pie y tuve un recuerdo. Soy un alma en pena que recorre asfaltos de muros mentales sin mirar al frente y ver más allá de mis narices.
Ésta vez sonreí y vi a lo lejos lo que parecía un edificio. He de tomar ese camino. Pero primero… una sonrisa a eso que no vi antes… estaba muerta dentro de mi cabeza pero los muros esta vez me mostraron más allá… camino… ésta vez sé dónde dirigirme esta vez la sed no pudo conmigo porque allí donde iba esta vez sabía que mis recuerdos esperaban ahí para darme un sentido a la nueva dirección de mis pasos.
Tras horas y horas caminando llegué a una carretera vacía y crucé sin miedo, un mar de cemento vertical se abría ante mí corrí abarcando todo lo que mi retina dibujaba como conocido pero caí de nuevo en mis rodillas presa de cansancio volví a desmayarme no comprendía nada…

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