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domingo, 5 de abril de 2015

DOLOR DE HIJA.

Nunca olvidaré tus últimos momentos, tan débil, tan diferente a cómo eras, tan deforme y tan humano; yo que creía en almas, en luces, en morir como si durmieras, en una fase de la vida a la que no estaba preparada, ni para verla tan de cerca, ni para vivirlo sola, a nadie le importó nada, nadie me abrazó, esa empatía que la gente siente es falsa, la empatía sólo se usa para uso y disfrute personal, cuando están interesados en algo o alguien, si no, no hay empatía, y vivir esto sola ha sido muy duro.


Pasé el primer mes sola en casa, pensando dónde estarás. Pero tenía que guardar fuerza, siempre con mi sonrisa, tan bien estructurada y tan planeada, hago que nadie se dé cuenta del verdadero sentimiento que llevo dentro. Pasaban los días y sentía como algo se iba apagando en mí. Como una amputación, como la tortura de la incertidumbre, como la luz apagada y sentir que hay algo ahí, como si hubiera olvidado algo, siempre mirando el teléfono, siempre alerta.Así llegó el primer año, como si la vida sólo se deslizara en una dirección, como si fuera un viaje que si no estás atento, se te pasan los mejores paisajes.





Miro tus fotos y no puedo creer que no estés. Si hubiera... si hubiera... si hubiera... siempre pensando eso, no sé qué hubiera podido hacer más, pero quererte más imposible. Espero que me no me olvides y que sobre todo tengas en tu lugar la sensación de que te queremos y nuestra vida no es igual en ningún sentido. Seré fuerte por tí, continuaré haciendo lo que un día me dijiste que querías empezar:








Un hogar feliz.




 

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